Ser mujer

mujer
Tomado de: voiceofyouth.org

Pareciera entonces una desgracia, un insulto saber que eres mujer y más, si es en Colombia. Para qué tanta delicadeza y cremas y cosméticos y horas y horas organizando un par de prendas para lucir en el día, para qué tener el don de la gestación y el sexto sentido sobre las cosas peligrosas y dolorosas de la vida, para qué ser mujer si como bien dice Melba Escobar en su novela: La casa de la belleza: “… me hace pensar en todo lo que está roto y estropeado en un país como este, donde el valor de las mujeres está determinado por el tamaño de sus culos, la redondez de sus pechos y la estrechez de su cintura”. leer más Y esta concepción no ha cambiado, de hecho siempre ha estado latente desde tiempos inmemorables, solo que siempre se ha disfrazado con esa doble moral. La mujer es sinónimo de: mercancía sexual y esclava matrimonial. Aunque me quedo corto, es claro que hay mucho más que denigra el valor de ser mujer.

En la cita anterior siento que, ahí reside la desgracia de ser mujer, cuando la sociedad la convirtió en un objeto estético de alcance visual y físico. Lo peor del caso, es que a través del tiempo, esta concepción ha sido alimentada por las mismas mujeres, que en algunos casos, han “creído” usar el don de la belleza y voluptuosidad con el fin de sacar un provecho específico y ganarse un “respeto” que claramente, no es más que un aporte al mundo machista el cual les tocó vivir y que cada día alimentamos más.

La violación a los derechos de la mujer puede verse en las sagradas escrituras, en el mundo griego en donde la mujer solo sirve para tener hijos y cuidar el hogar, mientras el marido se da unos paseos en la oscuridad con alguno que otro joven de su mismo sexo. Sin pensar en la época medieval en donde mostrar un poco más de la cuenta –para ellos- era el sacrilegio más alto; la mujer en aquel entonces, ya era una mercancía que se negociaba entre el padre y el futuro pretendiente que podría ser hasta veinte años mayor y en donde la mujer, no era mujer aún, sino una niña con aspiraciones de ser una joven feliz pero, su felicidad se trasladaba a la obediencia y el mantener los hijos y dar ejemplo de excelencia, fidelidad y carácter con los empleados.

Así sucesivamente el mundo avanzó y se fueron quedando algunas cosas, como el valor de la mujer y sus derechos. Colombia está pasando por uno de sus peores momentos en el caso de la vulnerabilidad de los derechos a la mujer. Pensar en casos como los registrados con Rosa Elvira Cely, Natalia Ponce y las 140 mujeres que diariamente son agredidas por sus parejas según Medicina Legal. Aquí no se trata de cual caso es más importante o quien tiene más renombre, aquí se trata del dolor y la carencia que tenemos en Colombia para actuar sobre estos miles y miles de casos. Enseñamos desde pequeñas a las niñas a ser delicadas y cuidadosas, de tener precaución con las intenciones de los hombres y creo que ahí, es cuando las mujeres desarrollan el sexto sentido, no por voluntad sino por necesidad, porque sus madres al igual que sus hermanas y tías y abuelas, saben, muy dentro de sí, que el hombre se ha convertido en un peligro para su integridad física y psicológica.

Este peligro se traduce en “respeto”,  “veneración” y silencio hacía el esposo o novio, quien según las abuelas de aquellos tiempos lejanos –y algunas del presenten- creían y aconsejaban que el marido fuera lo que fuera, era el marido y merecía respeto, al igual, que su gestión de paciencia se entiende a raíz de sus retoños, por ellos, es que soportan tantos abusos. Aunque eso suena triste y hasta tierno, no es más que un punto de ignorancia que le hemos obligado a aceptar a las mujeres, pues nuestro poder de superioridad como hombres, nuestra fuerza y nuestro tono de voz es más impactante que unas uñas bien pintadas, un rubor y un aroma a frutas frescas. Hemos destruido la integridad de  la mujer desde tiempos inmemorables, hemos hecho de la mujer nuestro juguete en todos los aspectos y ellas, simplemente se conforman al decir: “los varones hacen lo que les da la gana, en cambio las hembras hacemos lo que nos toca”.

Todo esto no va a cambiar sino les devolvemos el papel de integridad e igualdad a las mujeres. Todo esto seguirá igual si los hijos ven a su padre gritar y golpear a su madre, nada será diferente si soportamos que en los colegios los niños golpeen a las niñas, las ultrajen. Seguiremos el mismo camino si en el transporte público nos aprovechamos de la vulnerabilidad de las mujeres bajo la excusa de que no hay más espacio. Esto no será diferente si comprendemos que la mujer no se viste para provocar, no es un objeto, no tiene obligaciones de ningún tipo, que son inteligentes y además a todo esto, que son un ser humano más que tiene derecho a vivir. Alguna vez escuché esta frase: “nacer mujer es fácil, pero hacerse mujer es complicado”, yo cambiaré la frase de esta forma: hacerse mujer es fácil, pues la sociedad y el consumismo te dicen cómo vestirte, qué hacer y cómo actuar, pero nacer mujer, es el dolor más profundo que puede tener un ser humano en esta sociedad tan egoísta y doble moralista.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s