Antes que llegara la tecnología*

tomado de: rieoei.org
tomado de: rieoei.org

 

Sonará como un cliché y lo sé. También sé que no soy el primero en  hablar de esto ni seré el último y que lo que está escrito en esta columna no tiene nada que ver con un pensamiento de izquierda ni mucho menos retrogrado. Sólo quiero hablar de un daño que a mi parecer, ya es irreversible y que seguirá perjudicando generaciones si no se presta atención a lo que está sucediendo.

Todo nació a raíz de un artículo publicado en el diario El País en donde el periodista Manuel Vilas habla de la correspondencia que el poeta chileno Pedro Lastra, donó a la Universidad de Iowa. Esta donación tiene dos asuntos particulares: el primero que son unas 900 cartas que el poeta guardó con recelo desde 1954 hasta el 2002 y lo segundo, es el contenido de las cartas, pues no son más que diálogos que tuvo el poeta con diferentes escritores latinoamericanos. En una carta habla Gabo sobre lo importante que ha sido para él la venta de Cien años de soledad pues lo sacó de un apuro económico en el cual venía sumergiéndose lentamente. También otra carta que habla de Vargas Llosa y su impresión, sorpresa y admiración por el suicidio de Arguedas. Otras cartas hablan de proyectos editoriales, de problemas familiares y de apoyos anímicos entre los escritores que por ese entonces, andaban entre Barcelona, Paris, Londres y Bélgica.

Estas cartas me llevaron a pensar en la desconexión (término tecnológico) entre los seres humanos, nuestra distancia que se resume no en kilómetros sino en pantallas, aplicaciones y correos electrónicos que jamás equiparán el poder de una carta sentida y escrita a puño y letra, de un buen café en la sala de la casa, en la cafetería o en cualquier lugar donde se pudiera empezar hablar, conversar, dialogar sin ninguna interrupción ni afán que dañara el momento grato.

Uno de los fragmentos que más llamó la atención de Manuel Vilas era la forma en que se finalizaba una carta, siempre con el cariño más profundo y cristalino que puede nacer de una amistad. “Te agradezco que hayas pensado en mí y te devuelvo tus cordiales saludos con mi amistad y admiración constantes”. Escribió Carlos Fuentes al poeta chileno y una vez más, me preguntaba hasta qué punto hemos olvidado despedirnos con sinceridad, cuando fue la última vez en que nuestros sentimientos salieron a flote con naturalidad mirando al otro a los ojos. Pues ahora es tan fácil enviar un Emoji, o palabras falsas de cariño y amor que solo puede ser creíble en el marco de una pantalla de celular o en el chat de alguna red social.

El ser humano se ha alejado de sí mismo, de su esencia humana y ha perdido los valores del respeto por el otro, ahora insultamos, amenazamos y peleamos por un chat. Conquistamos, rogamos, cortamos con alguien gracias a una cantidad de caracteres que se fijan y se cree que es la expresión más poética y hermosa que se puede dar al otro. La vedad es que se perdió la valentía de decir las verdades en la cara, de esperar la respuesta, de ver los ojos brillar de felicidad y el corazón que palpita a mil, se podía escuchar a kilómetros de distancia, pero no, la nueva ola ha acabado con momentos tan bellos para darle paso a la discordia y a la mentira.

Con la tecnología el hombre ha emprendido un camino de zozobra y desconfianza, quiere saber qué hace el otro en esta o en esta otra red social, quién le escribe y a quién escribe, la tecnología nos ha vuelto egoístas y perezosos, pues con ella buscamos la facilidad de tener más tiempo libre para dedicarle a ese mundo mediático y rampante que si nos descuidamos, nos desbarata en cualquier momento.

Ya no hay flores y no hay serenatas, no hay despedidas dolorosas con abrazos y promesas, ya no hay juegos de dedos que se quieren entrelazar ni mucho menos, hay ese suspenso antes de un beso. Las redes sociales se han vuelto tan personales que el sexo ahora es virtual y el cuerpo se conoce ante que el color de los ojos, el radiante de una sonrisa, el deleite de un buen aroma. Ya no hay palabras que alimenten la ilusión, este mundo de tecnología es tan práctico, que los poemas se copian de internet y las canciones se dedican por notas de voz, quitando el espacio de cartas en hojas de cuaderno dobladas con una perfección de técnica de origami y la preparación de días ensayando para cantar canciones con guitarra en un parque o en la casa del enamorado/a.

La tecnología nos quitó la oportunidad de extrañar y sentir, de ser humanos y ver en el otro la sinceridad para poder confiar y dejarse llevar por el río del tiempo. Este mundo rampante nos tendió una trampa y caímos redondos al juego de querer ser dioses y manipularlo todo, de conquistar el mundo siendo otros.

*Este texto se publicó primero en el medio de comunicación: Con la Oreja Roja.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s