Antígona y Berenice dentro de la literatura de Caicedo

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Son dos de los personajes femeninos más importantes de la literatura de Andrés Caicedo, su papel es fundamental para entender el desarrollo de personajes como Danielito Bag y el mismo Miguel Ángel. No voy a hacer un recorrido histórico sobre los nombre, en especial el de Antígona, ya que como se sabe, en la literatura Griega Antígona tiene un papel fundamental. También sería de un gran interés encontrar esa relación y la trayectoria del nombre Antígona desde Edipo hasta Caicedo.Pero simplemente quiero mostrar quiénes son con una pequeña descripción y en qué parte encontramos estos personajes entre las obras del escritor caleño. También comprender dentro de una interpretación, que mediante sus aventuras con estos jóvenes ellas han aprendido a explotar y a disfrutar los deseos más profundos hasta llegar a tal punto de general un gran daño a sus amantes.[1]  ¿Qué situación las pondría en esas acciones?  ¿Qué curiosidad les generan los jovencitos? ¿Por qué olvidarlo todo por un instante para desaparecer de sí mismas? Porque tal vez encontraron en ellos la forma de vaciar lo comprimido de sus vidas cotidianas.

Antígona:

Mujer de unos 35 a 39 años de edad, casada con un enfermo que simplemente duerme y ve como pasa la vida sin decir nada. Antígona disfruta de la noche, anda consiguiendo amores que se mezclen con la antropofagia, amores jóvenes, en los cuales pueda descargar toda su pasión, su hambre. De ella Andrés había escrito un cuento (1970) y paralelamente escribía entre (1970 y 1976) Noches sin fortuna en el cual ella tiene un papel fundamental. Después de ese cuento Andrés la vincularía en la obra como el vacío de todos sus enamorados. Esta es una de las partes de la literatura de Caicedo conocido como lo canibalesco.

Berenice:

Mujer de unos 25 a 35 años de edad, prostituta y amante de los estudiantes del Juan Berchmans (el colegio más famoso de Cali). La mujer que con su sexo y sus mentiras engaña a los jóvenes que hacen lo que sea por estar a su merced. De Berenice tenemos un cuento en la obra Calicalabozo, sin fecha que nos de parámetros para comprender si este iba paralelamente con la segunda historia de Angelitos empantanados  que es donde hace su aparición en el relato de Miguel ángel (1971). O si fue escrito después, o antes como es el caso de Antígona.

Es sencilla la descripción de estas dos mujeres, la verdad no es apropiado (para mi gusto) pintar un retrato tan claro de los personajes en un artículo, es mejor dejar trazos que obligue al lector a moverse entre el artículo y los textos, dejar nubes oscuras, neblina, un velo que no permita ver más allá como se desea y se tenga la necesidad de romperlo y comprender mejor lo que se intenta expresar.

 

Antígona y Berenice: La perdición de los jóvenes en la literatura de Andrés Caicedo.

De la luz que entra a mi casa, del beso que me daría, te creo tan infalible, no me lleves a la ruina. ¡Ni que fueras mi alegría!

Angelitos empantanados.

Las aventuras pueden llegar a extremos inconcebibles. El hecho de experimentar es ya el compromiso de embarcarse en mundos diferentes, en mundos sin sentido. El no poder ver más allá de lo que simplemente se está viviendo, eso es lo que sucede con todos los personajes de Caicedo que son amantes del presente y el futuro no es más que una Utopía. Jóvenes con un vacío incomprensible, con el deseo de empezar a llenar sus vidas durante una tarde mientras en la noche eso se consume y deja que de nuevo haya la necesidad de volver a empezar.

e43f116e8ef151f33e2e9eced1059799El alcohol, la marihuana, el rock y la salsa no son más que el componente al camino de la perdición, pero hay otro factor, hay otra punta del cuadro que encierra estos excesos, y es a mi modo de ver uno de los más profundos y dolorosos. Lo digo de esta forma porque es cuando se vincular los sentimientos, porque ya no es suficiente perderse por las sustancias psicoactivas, si no que ahora es necesario hundirse en los amores utópicos, en un sexo desenfrenado sin correspondencia a los sentimientos. Porque ya nace un deseo más el cual llenar, pero es imposible, porque los amores de estas mujeres no son más que fantasmas en sus vidas, ellos son instrumentos utilizados para satisfacer sus deseos.

Están jugando al que más daño se haga, al que más aguante. Son mujeres con una edad mayor, que quieren volver a ser jóvenes a veces a ser niñas, a tratar de cambiar la rutina, a cumplir sus impulsos y después de aquella tormenta llagara la calma, todo vuelve a ser como es siempre, como debe y debería ser. Ellos son estudiantes que juegan a ser adultos, a ser independientes, creen tomar decisiones, manejar las situaciones cuando simplemente no son más que otro ejemplo de los muchos que se perdieron. El Juan Berchmans el colegio de las “grandes promesas” con estudiantes brillantes, completos, sin razones para fundirse en otra cosa que no fuera su formación académica, pero todo empezó a fallar.

Los muchachos lo ven parado en esa esquina con la ropa sucia, con los pantalones horribles, mugrientos amarrados con una cabuya (…) por lo que debe estar pasando Danielito. Y con su perdición fue desapareciendo gente del colegio, (…) hasta el padre rector anunció que iba a expulsar a Danielito por malas conversaciones y por ser una influencia nefasta en los compañeros y a los alumnos le pareció raro, pero no mentira. (Caicedo 2009, p. 196)

Ahí está Daniel Bag, el que andaba con una mujer mayor y se llenaba de orgullo, pero todo se perdió porque su amigo lo condeno y no supo soportar estar sin ella. “Que me vengan a decir cuál de mi edad ha salido en carro con una dama ¿A quién lo han invitado a paseítos? No quiero contar en esto a Danielito Bag. Supongo que yo no le hablaré en recreo y nadie sabrá que fue porque le quité a la mujer que amaba”. (2009, p. 161)  Ya las circunstancias de sus obsesiones los llevan a límites que uno no alcanzaría a entender por más que interprete y comprenda la época o las situaciones que viven. Ya no importa nada todo es un barranco, dejo de ser importante lo que “se creyó” que era. “Amanecer sobre las calles, sobre los parques, recogidos por los barrenderos de las cuatro de la mañana. Recordarla y sonreír obligatoriamente.” (Caicedo 2008, p. 209) Por más que quiera exponer mi interpretación y mi pensamiento crítico, es mejor colocar a los personajes hablar, que nos cuenten como han caído, como disfrutan cayendo, como son esos extremos de los que alguna vez tuvieron miedo pero que ahora gozan como si fuera el último de sus alientos, el último suspiro y nos vamos.

“Berenice nunca dejó de cobrarnos, (…) y William como sus papás no eran de moneda, tuvo que comenzar a vender todo los objetos de plata que encontraba en baúles y demás recovecos familiares.” (Caicedo 2008, p. 112) Esto ya es el vacío de la ambición, el camino al deseo que no tuvo final y ahora toma su rumbo más escabroso, la obsesión un placer exquisito, lleno de gozo eterno, miedo y dolor. La tentación, las manos vacías, las drogas tan cerca pero tan lejos y ella es una droga, una heroína que necesita saciar su sed. “Descolgaba las piernas y nosotros, apoyados sobre la pared, nos tirábamos de cabeza por el único camino que había en el mundo (…) y la vieja Carmen que tocaba a la puerta para que le apuráramos. Pero nosotros jamás saldremos”. (2008, p. 112) Y así día a día, mientras se desmoronan por dentro, mientras hacen las esperanzas más profundas pero insaciables, porque se entregaron en exceso, se dejaron llevar sin preguntar, sin decir nada, simplemente experimentar el sexo, el descontrol fue el placer que ahora, los consumen completamente.

andres-2-caicedoEstas mujeres son fantasmas que rondan sus vidas de forma obsesiva, manipuladora, son mujeres que entendieron que la precocidad de: Miguel Ángel, Danielito Bag, Solano Patiño, William y Ricaurte tendría un precio, el manejarlos a sus antojos no es más que la necesidad de saciar una juventud que se quedó en el pasado, revivir viejos tiempos es un anhelo. “(…) Y porque me dejara de ser tan bobo si creía que ella iba a malgastar su amor en una sola persona, que me dejara de ser tan bobo y que dejara de ser tan egoísta, que así como iba me volvería loco en un momentico” (2008, p. 110) Le gritó Berenice a Miguel Ángel en un momento de angustia, de desespero que se mezclaba con la sinceridad y la seguridad de dejar claro, que nunca fueron de ellas, no significaron nada en sus vidas. Fueron el desahogo de lo reprimido. En cambio ellos tocaban el cielo a dos manos, creían que no había nada más en que pensar, ni que hacer, el hecho de contemplarlas cada día con más fuerza, que los jóvenes se perdieron por no saber responder a lo que su época les exigía y el peso de lo que sería la adultez los llenaba de miedo.

Ahí está la peor generación del colegio Juan Berchmans, en los cuales siempre estuvo la ilusión de que fueran el futuro de la patria pero no alcanzaron a mirar más allá que el fin de la noche, que lo jóvenes se perdieron por ir detrás de las pasiones que desencadenaron la perdición de cada uno de los que no fueron capaces de afrontar un futuro. Ahí estuvieron ellas para acabar con lo poco que podía salvarse de una generación consumida por sus excesos perdidos.  “Cosas así hacen que uno, por más joven que sea, se vaya volviendo creyente de todo y devoto de nada.” (Caicedo 2008, p. 82)

 

Bibliografía.

Caicedo, A. (1997) El atravesado. Bogotá: Norma.

Caicedo, A. (2008) ¡Qué viva la música! Bogotá: Norma.

Caicedo, A. (2008) Calicalabozo. Bogotá: Norma.

Caicedo, A. (2008). Angelitos empantanados: Bogotá: Norma.

Caicedo, A. (2009). Noche sin fortuna. Bogotá: Norma.

Rey, S. (2007). Andrés Caicedo o la muerte sin sosiego. Bogotá: Norma

[1] La edad de estas mujeres no es explicita en los escritos, pero yo le apuesto a una edad entre los 25 a 40 años, en los cuales interpreto el afán o el deseo que provoca en estas mujeres experimentar nuevas cosas, nuevas personas, en ente caso jóvenes.

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