Un monstruo de bata, marcador y tablero

Tomado de: Vanguardialiberal.com
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Después del caso de Yuliana a manos del enfermo de Rafael Uribe Noguera, el despliegue mediático que se generó fue suficiente para dejar en el aíre una preocupación contundente: en Colombia los niños son una fantasía sexual. Aunque a través de la historia siempre ha existido este problema de violación a menores de edad- y que lo diga la iglesia católica-, es hasta ahora que la gente ha tomado la valentía de no dejarse callar y denunciar a cuanto agresor o presunto agresor ronda por sus calles. Sin embargo, no todos corren con la “suerte” mediática de Yuliana y no todos los agresores son de dinero para que todo un país ponga sus ojos encima.

Aunque los tíos, amigos, sacerdotes padrastros y hasta las mismas mamás estamos en el ojo del huracán, hay un sector que pareciera ser de confianza y en el cual aún se cree como punto de encuentro no sólo para el conocimiento sino para formar personas. Los colegios que hasta ahora no habían perdido la poca credibilidad que tenían sobre el respeto y la defensa de los derechos de los niños, hoy cruzan por uno de los peores momentos al reconocer que entre sus filas de docentes hay violadores.

En lo que llevamos del año se están investigando a 91 docentes por abuso sexual en el sector público. Se han capturado a dos docentes en diferentes lugares del país, el primero en Bogotá, en el sector de Kennedy y otro en el municipio de Bolívar. Los dos tienen en común que han violado a niños de primaria que no superan los 11 años de edad, además, que los dos hicieron sus actos en las instalaciones de los colegios. El primer docente se llama Néstor Osvaldo Núñez González quien se inventaba juegos para tocar las partes íntimas de sus estudiantes. El otro de nombre Andrés Velasco Guiza, quien vivía en la escuelita de la vereda Villa Alicia del municipio de Bolívar, tiene antecedentes de 2008-2009 por presunto abuso sexual de dos niñas entre 8-9 años de edad. Los dos docentes pertenecían al sector oficial y como “todos”, presentaron el famoso concurso lleno de parafernalia que exige el ministerio para el ingreso de los docentes al sector público.  Los ministros que han pasado por esa papa caliente llamada ministerio de educación, se han detenido a hablar del futuro de Colombia, de las inversiones y de la educación que quieren en el futuro, luego hablan de los derechos y la prioridad que son los niños, pero ninguno se plantea la posibilidad de echar una mirada a la lista de docentes que estarán llevando sus políticas al aula de clase. Y lo digo porque el docente Javier Martín Cano fue sancionado a 15 años de inactividad por abuso sexual a menor de 14 años cuando trabajaba en el famoso programa 40×40, el espacio que creo el ministerio para que los estudiantes disfrutaran su colegio de otra forma, de una manera más cultural y artística.

El diario El Tiempo hizo una investigación y determinó que en el 2015 se registraron 1.603 abusos sexuales a

Tomado de: Estrategiainformativa.wix.com
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estudiantes de colegios posiblemente alguno de estos casos a manos de docentes. En octubre de 2016 el instituto de medicina legal y ciencias forenses reportó 2.548 exámenes médicos legales por presuntos delitos sexuales, asunto que concluyó que todos fueron en establecimientos educativos y que en 56 de esos casos, los abusadores fueron docentes. El ministerio de Educación poco ha comentado sobre el caso, poco ha respondido a las llamadas de los medios y guardan el nombre de las instituciones educativas para no ampliar la problemática en los planteles, sin embargo, el ministerio debe poner las reglas sobre la mesa y las soluciones más efectivas para acabar de una vez por todas este asunto que se volvió “viral” en nuestro país: violar niños.

El colegio es uno de los pocos espacios en donde los padres se pueden sentir tranquilos, allí hay cámaras, hay personas para arriba y para abajo y no cabe en la cabeza que un individuo con la “vocación” para enseñar, termine destruyendo la infancia y la dignidad de sus estudiantes por un delirio sexual. Colombia tiene serios problemas de enfermedades mentales y a esto no se le ha prestado atención, una persona que viola es en primera medida un enfermo y por ello, es fundamental tratarlo como tal, sin embargo no hay las herramientas legales para ello y la ley acumula y acumula procesos, denuncias e investigaciones sobre muchos casos que aún no se han resuelto y de los cuales ya han pasado una década. Hablando como docente y no tanto como alguien que opina para un medio, la preocupación por los estudiantes desvela al tratar de entender por qué pasan estas cosas, peor aún, la situación se vuelve compleja al intentar entender por qué son los docentes los que hacen este daño, ¿qué tipo de gente está trabajando en los colegios? ¿Qué inventar para controlar a los docentes sin violentar su libertad de cátedra ni perder ese pequeño y delgado lazo llamado humano entre docentes y estudiantes? ¿Será que todos esos docentes que entraron hace algunos años en el programa de convocar profesionales en lugar de licenciados fue el peor error que hizo el distrito en este ámbito? El papel del docente que no solo es cuestionado por la aparición del internet, por la propia enseñanza en el aula, sino que ahora pareciera que se convirtió en un peligro y no en una ayuda para el país.

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