La soledad y los libros, una apuesta

Dice un viejo refrán: “si te gustan los libros nunca estarás solo”. Y es cierto, solo que no muchas veces dudamos en darle a los libros el puesto que merecen en nuestra vida. Existen lectores de medio tiempo, de fin de semana, los ocasionales y los de moda. También hay lectores rigurosos, académicos y empedernidos. Cada lector tiene una vida que contar gracias a sus lecturas, pero también son pocos los que pueden contar que los libros les han salvado la vida. La literatura a través de los años siempre le ha brindado al lector un solo camino: el de la imaginación, no importa cómo sea la aventura, el lector solo debe dejarse llevar y no pensar en más que en la historia que se le está contando, sin embargo, siempre hay lectores que se resisten y el trabajo de la literatura queda escueto, pues el acto de leer es de dos partes, el escritor o la historia que se cuenta y el lector, quien debe dejarse llevar por su trama. Alguno de los dos falla, y ahí, el acto de la literatura se pierde, se va sin decir nada hasta que pueda colocar en las manos del lector, otro libro, otra historia, pues soy de los que cree que los libros buscan a los lectores.

Los libros como paliativos de la realidad, como una salida a las mareas fuertes de la vida que a veces azotan, castigan y destruyen las ilusiones y los sueños, las esperanzas y la capacidad de creer que puede haber un mundo mejor, un momento más grato, una vida más llevadera. Cuando se derrumban los castillos de arena construidos con esfuerzo, el hombre busca cómo y dónde refugiarse, y es ahí cuando aparece la literatura, esa que lanza un salvavidas para que nos agarremos con fuerza y nos dejemos llevar sin ninguna resistencia, sin ninguna razón que obligue a pensar que ese no es el mejor camino, simplemente dejarse caer, sin pedir nada a cambio, sin cambiar nada.

Siempre que hay momentos de dolor, de tristeza y desolación, se busca la soledad, un lugar donde poder estar tranquilo y por un instante dejar de pensar, dejar de sentir, dejar que eso que está agotando la mente y el cuerpo, se vaya por completo y solo haya aunque sea una hora, un día, una noche de tranquilidad. Muchas personas no puede salir corriendo así quisieran, escapar para refugiarse en otros lugares lejanos, apartados de tanto recuerdo. A muchos nos toca quedarnos en el mimo lugar, dando vueltas sobre lo  mismo así que empezamos un viaje al interior, un viaje en donde nos alejamos de todos, en donde el frío de la calle, el ruido de los carros parecen insoportables y entonces, quedan dos formas para viajar hacía sí mismo, hacerlo solo y tal vez caer en la depresión, eso sería como lanzarse al vacío sin paracaídas o llevar bajo el brazo, en la maleta, algunos libros para que la caía no sea tan ruidosa, para que el viento no golpee muy fuerte, para tener algo que abrir antes de caer al suelo. Ahí es donde aparecen los libros, y la pregunta es: ¿qué libros te llevarías para una temporada de soledad, para alejarte del mundo y concentrarte en ti?

Yo diría que me llevaría ocho libros para lanzarme a la soledad sin miedo a golpearme fuerte, sin miedo a perder el tiempo; solo se busca la forma de transfigurar la realidad, de transformarla, de cambiar tantas cosas que nos perecen injustas y crueles, para alegrar por un instante, por unas horas, la vida que nos ha tocado vivir. Ocho libros son los que guardaría en mi maleta para enfrentarme a la soledad: estas selecciones siempre son difíciles y arbitrarias, quizás pocas personas concuerden con nuestras listas, otras quizás las odien, al final no importa, gracias al universo que las lecturas son personales e intransferibles. Vida feliz de un joven llamado Esteban. Una novela del escritor colombiano Santiago Gamboa, Música para camaleones, el gran Truman Capote. El amor en los tiempos del cólera, me podrán tildar de loco, pero para mí esta es la novela que mejor encarna la verdadera definición de amor, Gabriel García Márquez. Paris era una fiesta, de Ernest Hemingway. Las reputaciones,  de Juan Gabriel Vásquez. Las armas Secretas,  el libro de cuetos de Julio Cortázar. Noche sin fortuna, del escritor colombiano Andrés Caicedo y, un clásico que no puede faltar porque fue el libro que me leí con tanta emoción siendo muy joven: La odisea.

Esos serían los ocho libros que guardaría en mi maleta, sin embargo, la duda me asalta y pienso: ¿Serán que este o tal autor puede entrar en esta lista?  Como dije, las listas son arbitrarías, pero siempre hay que apostar por algo y ésta, es mi apuesta.     

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